Perspectiva Central y Principios Fundacionales
Document Actions
Comunidad Tikkun Tikkun / 19-11-2001
Muchos de nosotros estamos implicados o sentimos una gran admiración por los logros de los movimientos en pro del cambio social: movimientos por los derechos de la mujer, la defensa del medio ambiente, los derechos civiles, los derechos de los homosexuales, los derechos laborales y los derechos de los discapacitados, por nombrar sólo algunos.
Aún así, creemos que estos movimientos han servido de poco o incluso han negado una dimensión muy importante en la vida humana: la dimensión espiritual. Y este déficit ha limitado el impacto potencial de todos estos movimientos. Creemos que sólo una visión espiritual nos permitirá crear una alternativa real a la complicidad de nuestra sociedad con el egoísmo, el materialismo y el cinismo.
Nuestro propósito es crear esa alternativa. Somos una comunidad de personas con diversas creencias y tradiciones unidas por la revista TIKKUN en la intención de sanar y transformar este mundo. Nos proponemos tanto la transformación del exterior, necesaria para lograr la justicia social, la cordura ecológica y la paz mundial, como la curación interior, necesaria para fomentar relaciones de amor, una disposición generosa hacia el mundo y hacia los demás sin que nuestros egos la distorsionen, hábitos de generosidad y confianza, y la habilidad de responder a la grandeza de la creación con respeto, admiración y un total asombro. Es nuestra creencia en el principio de la solidaridad la que guía nuestro trabajo.
Para nosotros, este principio tiene raíces espirituales en el mandamiento judío que nos recuerda que todos éramos esclavos en Egipto. Creemos que todas las personas resultan heridas por la opresión dirigida a cualquier grupo o individuo.
La solidaridad implica que nos reafirmemos en una responsabilidad recíproca dentro de nuestras familias, nuestra nación y nuestra comunidad espiritual o religiosa, y que vayamos más allá de las borrosas fronteras que existen entre etnia, religión y geografía. Nos creemos, asimismo, en la obligación de resistir activamente a la injusticia y de negarnos a tomar parte en ella, incluso en el caso de no saber si nuestra resistencia producirá el cambio deseado. En solidaridad con los oprimidos, deseamos ser testigos de la democratización de las instituciones económicas y políticas y de la redistribución de la riqueza para que todas las personas puedan participar con igualdad y de manera sostenible en los beneficios de este planeta. Esperamos tener el valor, en la tradición de los profetas judíos, de reivindicar la verdad ante el poder.
Al mismo tiempo, cuestionamos la falta de una dimensión espiritual en los programas de los movimientos en pro del cambio social. Este vacío ha permitido que la derecha se presente a sí misma como la fuerza que se ocupa de los asuntos espirituales. La negativa de la izquierda a abordar la espiritualidad ha conducido a que muchos piensen que su anhelo por un marco más amplio en significados y propósitos haya de ser separado de su participación en la transformación social.
De esta manera, la acción a favor del cambio social acaba centrada en programas políticos limitados y carentes de una profundidad que sea capaz de inspirar un compromiso sostenido o una mayor implicación. Imagínese que existiera un grupo internacional de personas unidas entre sí con el propósito de fomentar esta manera de pensar, personas utopistas y sin complejos, dispuestas a luchar por sus más altos ideales, y que tuvieran la suficiente humildad para no avergonzarse en reconocer que no sabemos todo lo que necesitamos saber para realizar el proceso curativo necesario.
Imagínese que los miembros de este grupo se ayudaran mutuamente, tanto en sus actividades individuales como colectivas, afirmando lo que es bueno y buscando entre todos la manera de crear un movimiento que priorizara, a partes iguales, la vida interior y la justicia social, que concibiera el amor y los afectos como objetivos serios para la curación social, y que rechazara los supuestos utilitarios y materialistas del mundo actual fomentando de una manera activa el respeto y el asombro entre sus participantes. Imagínese que usted pudiera formar parte en la creación de todo esto.
Usted puede hacerlo ayudándonos a crear la Comunidad TIKKUN. La Comunidad TIKKUN parte del siguiente reconocimiento fundamental: las fuentes de la injusticia, el sufrimiento y la indiferencia por el medio ambiente se encuentran no sólo en la ordenación económica y política del mundo, sino también en la alienación que sentimos, en la incapacidad de reconocer lo sagrado en nosotros mismos y en los demás, en no saber responder a la llamada del universo que nos envía a niveles más profundos de consciencia y amor, y en la incapacidad de vencer a nuestros propios egos y vernos como parte de la Unidad de Todos los Seres.
Tenemos necesidad tanto de una conciencia espiritual como de una conciencia política para curar y transformar el mundo. Algunos de los que formamos parte de la Comunidad TIKKUN somos ateos o laicistas, otros formamos parte de comunidades religiosas tradicionales, otros estamos empezando a relacionarnos con el Espíritu. Pero todos estamos de acuerdo en que hace falta un movimiento que aborde las necesidades espirituales.
Sostenemos que el cambio social y el cambio interior van de la mano. Debemos construir un movimiento que permita que hablemos del amor y del afecto entre nosotros si queremos superar las viejas dicotomías izquierda/derecha y los debates políticos muertos que tanto llenan las revistas académicas y la retórica de los políticos. Durante demasiado tiempo estas divisiones han paralizado la política norteamericana y han conseguido que muchos de nosotros queramos retraernos a una vida puramente personal. Actualmente, estamos particularmente ilusionados y apoyamos una ola creciente de activismo en pro de la justicia social que fomenta tanto una actitud sensata ante el medio ambiente como la lucha contra el impacto destructivo de la globalización. No obstante, esperamos poder jugar un papel en la profundización de estos y otros movimientos a favor del cambio social, al integrar en su esencia este tipo de conciencia espiritual que les permita llegar a un público mucho más amplio y, de esta manera, lograr de verdad sus objetivos de justicia social.
Para este fin, hemos de dialogar a un nivel mucho más profundo que el de meramente repetir o remarcar las reivindicaciones tradicionales de la izquierda en torno a los derechos económicos y políticos. A la vez que secundamos estas exigencias y somos receptivos ante cualquier avance que establezca un acceso adecuado a alimento, ropa, alojamiento, asistencia sanitaria, asistencia a la infancia, y otros derechos básicos, también creemos que estas luchas sólo se lograrán a un nivel global cuando los movimientos sociales a favor del cambio sean capaces de abordar las consecuencias espirituales del triunfo de una globalización colectiva: una amplia crisis instalada en la sociedad y una represión de lo que podemos denominar en términos diversos como la fuerza vital, el eros, la energía de Dios o el Espíritu.
Esta crisis espiritual y esta represión emocional son las respuestas casi universales a la globalización de un individualismo autocomplaciente, un materialismo obsesivo y un consumismo que nos son ofrecidos para compensar la falta de sentido de nuestra cultura actual. La conciencia tecnocrática unidimensional, la intensificación del trabajo, la percepción de que “no hay tiempo” para hacer lo que realmente nos importa, y nuestra incapacidad para ver a los otros en términos que vayan más allá de un mero utilitarismo en favor de nuestras propias vidas —aprovechándonos al máximo de esta actitud interesada— da lugar a seres humanos que, si antes no estallan en violencia o en un abuso auto-destructivo del alcohol y las drogas, se encuentran en diversos grados de desconexión con su ser espiritual, sus sentimientos y su capacidad de dar afecto a los demás y de responder al universo con alegría.
Frente a esto, animamos a las personas a que establezcan una relación con lo Sagrado, con una Espiritualidad Emancipatoria que afirme el placer, la alegría y el reconocimiento de que “tenemos suficiente”; las animamos a que sustituyan la auto-alienación posmoderna por una renovación del Ser basada en el respeto, la admiración y un total asombro ante el misterio del universo y el misterio de cada uno de los seres humanos de este planeta, como una manifestación de lo sagrado. Nuestras instituciones económicas, sociales y políticas necesitan ser reemplazadas y replanteadas, no sólo porque son injustas sino porque fomentan una forma de pensar que obstaculiza el poder que tenemos para conectar con las verdades más profundas del universo y que dificulta nuestro reconocimiento mutuo como seres completamente libres, conscientes, creativos y llenos de amor. En este sentido, la globalización del Espíritu es el antídoto a la globalización del capital. Abrazamos la dimensión espiritual no como un sucedáneo sino como un medio para profundizar en nuestra comprensión de la acción social y de la ciencia racionalista. Nuestra espiritualidad no rechaza el valor del pensamiento racional así como tampoco impide la investigación científica.
¿Por qué será que los que vivimos en las sociedades industrializadas de América del Norte, Europa y Japón —las sociedades más ricas jamás conocidas por la historia— creemos que “no podemos permitirnos el lujo” de compartir lo que tenemos con el resto del mundo con el fin de eliminar la pobreza, el hambre y la falta de cobijo? Se debe en parte a nuestra paranoia colectiva —la que dicta que nadie nos echará una mano cuando más la necesitemos— que nos conduce a pensar que nuestra única seguridad consiste en una acumulación sin fin, intentando proteger de esta manera nuestro propio interés ante la absoluta certeza de que no se puede contar con nadie. Y en parte porque sentimos un profundo vacío interior que, según ahora creemos, sólo los bienes materiales pueden llenar. Compramos cosas para comprar la felicidad, para compensar la alienación en el trabajo, la falta de comunicación entre nosotros y el alejamiento de nuestro propio ser interior, todo esto es lo que constituye la estructura de nuestra vida cotidiana.
En nuestro mundo empobrecido espiritualmente, la adquisición de cada vez más cosas nos produce el espejismo de la auto-realización que reemplaza a una conexión profunda entre nosotros y con las realidades espirituales del universo que añoramos pero que, simultáneamente, nos negamos (para no volver a experimentar el dolor y la decepción de otros momentos anteriores en nuestra vida, cuando nos permitíamos sentir vulnerables y necesitados de un cariño y un reconocimiento que nunca llegaron a llenarnos).
Asimismo, prácticamente todos los niños y niñas de nuestra cultura reciben mensajes muy convincentes para que presten atención a lo que les puede ser útil y se alejen de una dimensión espiritual que no tenga una “aplicación práctica”. En efecto, estos mensajes están tan profundamente asimilados en tantos de nosotros que, instintivamente, nos alejamos asustados de lo espiritual como si fuera algo sucio. Tememos que el reconocer, ante nosotros mismos y ante los otros, que lo que realmente deseamos es conectar con lo que no sea ni útil ni práctico, con lo que no pueda ser ni sometido a la observación empírica ni convertido en una mercancía más atractiva o vendible en el mercado de trabajo o de las relaciones, nos ponga en ridículo o sea objeto de humillación.
Temerosos a experimentar ese dolor una vez más, tendemos a construir sólidos muros que nos alejan de esa añoranza profunda por conectar entre nosotros mismos y con el universo. En lugar de aprovechar nuestros propios recursos, nos encontramos a menudo buscando la satisfacción y la reafirmación en una cultura de masas dominada por los medios de comunicación. Eso nos ofrece un horizonte reducido de posibilidades basado en “lo que todos los demás hacen” y, por tanto, en “el único camino posible también para nosotros”. Los medios de comunicación nos someten a tales prisas que nos apartan de los momentos de silencio que nos permitirían reflexionar acerca del estilo de vida en que vivimos.
En lugar de encontrar nuestro propio ritmo, nos vemos corriendo de aquí para allá, buscando máquinas y otros artilugios que hagan que todo funcione más rápido, acostumbrándonos a medios y tecnologías que aceleran la marcha mientras vacían de contendido el nivel intelectual y emocional de nuestra conciencia cotidiana. Aprendemos a olvidar el pasado y a centrarnos solamente en lo nuevo, a la vez que devaluamos lo viejo, lo cual conduce a niveles cada vez más bajos de alfabetización y a mayores dificultades a la hora de comprender discusiones complejas, mantener relaciones a largo plazo o comprometerse con objetivos que no sean de alcance inmediato.
Tristemente, nuestras instituciones sociales se limitan a reforzar esta visión materialista. Nuestras instituciones nos ofrecen el espejismo de la permanencia (como si fuéramos inmortales) y la ilusión de que el “mundo real” es el mundo del poder y la riqueza. Esto se agrava con el supuesto patriarcal de que debemos ser fuertes e ignorar nuestros sentimientos, lo cual nos deja con un “sentido común” que hace caso omiso de la relevancia de nuestra vida interior. Se dice que la espiritualidad debería quedarse en casa, relegada al fin de semana, separada de las decisiones pragmáticas que deberían dar forma a la política y al mundo empresarial.
En la Comunidad TIKKUN, rechazamos este tipo de “realismo”. No sentiremos vergüenza a usar y a aprender del lenguaje y de las prácticas de las comunidades espirituales. La vida espiritual nos puede entregar un nivel de conciencia, claridad y tranquilidad que nos permita volver a centrarnos y descubrir lo que realmente valoramos.
Una razón por la que nos sentimos orgullosos de que la Comunidad TIKKUN se inspire en la sabiduría espiritual del judaísmo se debe a que creemos que la práctica espiritual del Shabbat —una meditación de veinticinco horas centrada en dirigir nuestras energías a "celebrar toda la existencia" más que a "terminar las tareas"— puede capacitarnos en la lucha por sanar nuestro planeta. Es un ejemplo del tipo de prácticas espirituales que alentamos entre nuestros miembros y también entre los que no lo son, aunque lo decimos de manera no coercitiva y sin insinuar que se deba de practicar una espiritualidad determinada para formar parte de nuestra comunidad.
En este mismo sentido, las ideas bíblicas del año sabático y del Jubileo, a celebrar cada cincuenta años, con su llamada a la redistribución de la tierra y la riqueza para restablecer una igualdad básica, nos proporcionan la inspiración necesaria para aprender de la sabiduría de los textos sagrados.
Aunque nuestra organización hablará en ocasiones en nombre de lo mejor de la tradición judía, también honraremos a todas las grandes tradiciones espirituales representadas entre nuestros miembros. Somos una comunidad multi-étnica, multi-confesional y multi-espiritual, creemos que existen muchos caminos hacia la verdad espiritual y queremos honrar a todos los que se abran a una Espiritualidad Emancipadora como la que presenta TIKKUN.
Creemos que cualquier tradición particularista no debe perderse en una nueva masa espiritual globalizadora. A la vez que secundamos los intentos procedentes de tradiciones religiosas y espirituales existentes por renovar sus cimientos, lo que buscamos no es un crisol espiritual sino un mundo que respete la pluralidad y la diferencia, a la vez que afirmamos la Unidad de Todos los Seres y la interconexión de todas y todos con el todo.
Al mismo tiempo, desafiaremos a la espiritualidad reaccionaria que privilegie a un grupo por encima de todos los demás y que denigre a los que no formen parte de ese grupo, así como a formas de espiritualidad que pretendan imponer valores racistas, sexistas u homofóbicos. Desafiaremos a la espiritualidad que conduce al quietismo o a la acomodación de facto de las personas a un mundo de opresión. Por lo que respecta a esto, quisiéramos aclarar que no abrazamos ni una “tolerancia” insustancial que rehuse hacer distinciones morales ni una lógica deconstructivista que conciba a toda forma de discurso como poco más que estrategias para que un grupo u otro detente el poder contra otros.
Nuestra meta es construir una comunidad de personas que compartan una perspectiva intelectual/espiritual común. Aportaremos esta faceta a los movimientos a favor del cambio social que ya existen, con el fin de reforzarlos para que obtengan mejores resultados. Nuestra tarea es la de apoyarnos mutuamente al aportar a la esfera pública ideas que a menudo son descalificadas como “demasiado idealistas” o “demasiado espiritualistas”, y la de ayudarnos a mantener un compromiso con un programa transformador contra toda presión para que seamos “más realistas” y nos conformemos con mucho menos de lo que creemos que podemos lograr.
El trabajo que realizamos se basa en una conexión fundamental con las ideas surgidas desde la revista TIKKUN. Conectamos con todas y todos aquellos que deseen una verdadera TIKKUN (que en hebreo significa curación, reparación y transformación).
La Comunidad TIKKUN no será una organización tradicional; está claro que no entraría en competencia con otros grupos de acción social ni intentaría apoderarse de sus recursos.
Intentamos crear algo que no tenga homólogo en la vida contemporánea. Lo cierto es que muchos de nosotros somos cautos con lo que son las organizaciones; su condición de instituciones humanas las hacen susceptibles a la realidad siempre presente de la debilidad humana. La capacidad de abrumar, frustrar, decepcionar e incomodar es común a toda organización humana, sea espiritual o laica, de izquierdas, derechas o centro.
Cuando las personas comienzan a desear, en particular, una realidad llena de amor, es cuando entran los temores. Está tan profundamente enraizada en nosotros la creencia patológica de que no merecemos ser amados de verdad que intentamos probarnos a nosotros mismos que un mundo mejor no es realmente posible. Es entonces cuando observamos cómo los miembros de nuestras organizaciones pueden herirse los unos a los otros con brutalidad y falta de compasión en nombre del amor, enzarzándose en peleas sin fin por diferencias teóricas o prefiriendo proteger su ego en lugar de buscar una solidaridad real con los demás. Haremos lo que podamos para ofrecer un entorno de apoyo, pero tampoco dudaremos en pedir que dejen nuestra organización a aquellos que prefieran pelear entre sí en vez de apoyarse con afecto. Constituir una comunidad internacional de personas que, desde el comienzo, concuerden con los puntos de vista de este documento puede generar una abundancia de amor y solidaridad.
No dudamos que en la Comunidad TIKKUN aprenderemos del diálogo que establezcamos con los demás, tendremos intensas conversaciones y escucharemos no sólo las ponencias más formales sino también, y con el mismo interés, nuestras experiencias vitales y luchas actuales. Nuestra comunidad únicamente será sostenible si nos brinda muchas oportunidades de reírnos, meditar, orar, cantar y bailar los unos con los otros, y de experimentar las fuentes de sorpresa, alegría y trascendencia presentes en todos y cada uno. Por tanto, no dudamos que este compromiso sea alegre y divertido.
Si a usted le interesa unirse a nosotros, por favor, revise los principios fundamentales escritos a continuación. ¿Comparte usted estos principios?
1. INTERDEPENDENCIA Y CORDURA ECOLÓGICA
Como raza humana única dependemos los unos de los otros y tenemos la responsabilidad de cuidar el planeta y todas las demás formas de vida que existen. Nuestro bienestar depende del bienestar de todos y cada uno de los seres humanos del planeta así como del bienestar del medio ambiente. Es hora de superar todo tipo de chauvinismo, ya sea nacionalista, religioso o étnico. Es hora de darnos cuenta de que es en nuestro propio provecho el construir un mundo donde se invite a todas y a todos a formar parte de comunidades que nosotras mismos elijamos como tienen que ser, comunidades afectuosas, profundamente espirituales, emocionalmente satisfactorias y materialmente prósperas, y a vivir en un mundo donde el respeto mutuo y los cuidados constituyan las verdades llenas de sentido común que guíen nuestra vida.
Como ciudadanas y ciudadanos de Estados Unidos ya no podemos preocuparnos únicamente por lo que es “mejor para nuestro país”, y como judíos ya no podemos preocuparnos únicamente por lo que es “mejor para los judíos”. Necesitamos vernos a nosotras mismos como manifestaciones del Espíritu, como un despliegue del amor y de la bondad del universo que cobra conciencia a través de nuestros. El mundo está entrando en una nueva época en la que el reconocernos como seres humanos unidos a todos los demás seres humanos del planeta se convierte en el requisito previo para poder construir un movimiento político y económico en todo el mundo capaz de desafiar al poder corporativo y de salvar al planeta de la destrucción ecológica.
Reconocer nuestra interdependencia mutua no nos obliga a abandonar las diferencias culturales. Rechazamos la postura que diga que sólo sería posible lograr la paz verdadera si todo el mundo fuera igual. Postura que forma parte de una cultura supuestamente universal e igualadora producto de una supuesta fusión de culturas preexistentes.
No pretendemos eliminar toda diferencia sino construir un mundo multicultural basado en el reconocimiento mutuo y en el respeto por la diferencia. El mundo saldrá más beneficiado de una diversidad de tradiciones religiosas, étnicas y culturales si cada una de ellas aprende a respetar y a honrar esta diversidad y a renunciar a aquellos elementos de su tradición que conduzcan al odio o al desprecio de los otros. Nuestra responsabilidad con el planeta nos obliga a realizar transformaciones dramáticas en nuestros patrones de producción y consumo. Así pues, debemos:
• Tomar todas las medidas necesarias para detener el calentamiento de la corteza terrestre (en realidad, la quema de la corteza terrestre).
• Fomentar una simplicidad elegante ante la vida. Debemos comprometernos con el reparto equitativo de los recursos del planeta entre los otros seis mil millones de seres humanos, a la vez que nos comprometemos con la sostenibilidad ecológica del planeta. Este compromiso nos obliga a cambiar nuestra noción sobre la propiedad privada de manera que prestemos más atención a las necesidades del conjunto de la humanidad, en lugar de abordar el mundo desde una visión anclada, sobre todo, en nuestros derechos individuales sin ninguna sensibilidad hacia las necesidades de los otros.
• Adoptar una nueva actitud humanitaria ante los animales y otras formas de vida, y un reconocimiento de que nuestra responsabilidad implica tomar todas las medidas necesarias para preservar, en la mayor medida de lo posible, la diversidad e integridad de todas las formas de vida del planeta, siendo, a la vez, consecuentes con la protección de la vida humana (no “respetamos” los “derechos” del cáncer o de las formas de vida que sean agresivamente destructivas para el ser humano).
• Ejercitar una precaución extrema ante los usos de la biotecnología. Deberíamos de impedir de inmediato el ánimo de lucro y asegurar un contexto de control democrático sobre la toma de toda decisión significativa. Un nuevo sentido de la humildad debería gobernar cualquier decisión que tenga el potencial de alterar la biosfera o las estructuras genéticas de las plantas, animales o seres humanos.
• Comprometernos con lo que el movimiento por la Renovación Judía denomina eco-kashrut (que parte del interés tradicional judío por los orígenes de los alimentos como herramienta para actualizar el ecologismo presente en nuestra tradición). El eco-kashrut requiere que toda decisión de compra —no sólo las que atañen al sustento físico— se tome de manera que se minimice el impacto ambiental negativo. Quisiéramos reclutar a muchos miembros del mundo judío y de otras comunidades religiosas y espirituales para participar en la formulación de normas y en la práctica continuada del eco-kashrut. Las normas del eco-kashrut son un componente fundamental de la nueva base que hemos de establecer en nuestras instituciones económicas y sociales. Pero queremos subrayar que esto constituye una dirección para nuestra aspiración comunal y no una porra con la que podernos golpear (p. ej. “dado que usted tiene un todoterreno contaminante, no puede formar parte de nuestro movimiento” o “usted tiene una casa demasiado grande” o “usted toma demasiadas vacaciones”). Como en todo, el equilibrio espiritual es clave: hemos de establecer un rumbo para nuestras energías, pero con compasión y tolerancia ante los diversos ritmos que las personas tienen en su camino hacia ese objetivo. Hemos de ser tolerantes con los individuos pero no tolerantes con las políticas sociales y corporativas que dañan el medio ambiente ni con las decisiones sociales como la de oponerse a que se fijen límites sensatos a las emisiones que destruyen la capa de ozono o a los acuerdos mundiales sobre el comercio que amenaza el medio ambiente.
2. UNA NUEVA BASE PARA LAS INSTITUCIONES ECONÓMICAS Y SOCIALES
Ya no se deben juzgar la productividad y la eficacia únicamente según el grado en que una corporación o institución potencie sus beneficios o su poder, sino también según:
• el grado en que una corporación, escuela, institución gubernamental o práctica social tienda a apoyar una sensibilización ética, espiritual y ecológica y a promover la sostenibilidad de nuestro medio ambiente;
• el grado en que una corporación, escuela, institución gubernamental o práctica social tienda a apoyar a los seres humanos para que sean afectivos, solidarios y capaces de sostener relaciones de afecto duraderas;
• el grado en que una corporación, escuela, institución gubernamental o práctica social contribuya a que las personas superen una limitada actitud utilitaria hacia el prójimo y hacia el universo y, en su lugar, les anime a percibir a los otros de una manera no utilitaria y a ver el mundo fundamentalmente no como algo que se puede usar con fines exclusivamente humanos sino también con una óptica de respeto y admiración ante la grandeza de la creación.
Más allá de toda definición de la eficacia y la productividad, procuramos dar forma a una sociedad en la que haya tiempo no sólo para Hacer y Producir sino también para Ser y Amar; tiempo para la familia, la comunidad y la búsqueda espiritual.
Queremos que esta Nueva Base se implique en todos los aspectos de nuestra vida pública para que podamos comenzar a reformar las escuelas, los hospitales, el gobierno, los empleos y los medios de comunicación de manera que esto anime a que las personas se vean las unas a las otras fundamentalmente como seres humanos valiosos y merecedores de amor y afecto. Rechazamos la idea de que los valores morales deban estar alejados de la vida pública, y, en su lugar, abogamos por que estos valores se expresen claramente en ella, y animamos a que el cambio social promueva dichos valores en toda la sociedad. Así, por ejemplo, queremos que a las escuelas se las evalúe, tanto en sus éxitos como en sus fracasos, no sólo en su labor de formar a estudiantes que lean y escriban, sino también en su labor de formar seres humanos afectuosos que sean ética y ecológicamente sensibles, que sobresalgan por cuidar a los demás y por desarrollar sus propios recursos internos, y que hayan desarrollado la capacidad de responder al universo con respeto y admiración. Queremos que los acuerdos que tomen las multinacionales dependan de su capacidad para establecer un código de responsabilidad social que sea supervisado por un Informe de Impacto Ético. Finalmente, queremos que las instituciones económicas y sociales logren alentar el afecto y el respeto por todas las personas y por el planeta.
3. APOYO A LAS LUCHAS POR LA JUSTICIA SOCIAL Y LA PAZ
Estamos comprometidos con el propósito de conseguir paz y justicia social en todo el mundo. Insistimos en que el hambre y la pobreza pueden eliminarse y que esto debe ser prioritario en la distribución de nuestros impuestos. Apoyamos las luchas por una atención sanitaria adecuada y el acceso a los medicamentos, por el cuidado a los niños y a los ancianos, y por otros derechos humanos fundamentales incluyendo el derecho de los trabajadores a organizarse en defensa de sus propios intereses, la protección a los niños de la explotación, y el fin de todas las formas de esclavitud, trabajos forzosos y fábricas donde se explota a los trabajadores.
Apoyamos todo esfuerzo que se realice para dar prioridad a los asuntos ecológicos y a favor de la justicia social en cualquier acuerdo económico que se tome en el mundo. Nos alineamos con aquellas personas y organizaciones que se esfuerzan en desafiar el tipo de globalización que están forjando las elites mundiales que tienen la riqueza y el poder. Mantenemos una enérgica oposición hacia el uso de la tortura, la violencia y todas las formas de abuso (físico, sexual y psicológico), e insistimos en que los niños deben ser tratados con respeto y sin violencia. Pedimos que se ponga fin al encarcelamiento de los drogadictos y que se cree una política sensata sobre el uso de drogas que combine la prevención y el tratamiento con el reconocimiento de que algunas drogas psicodélicas actualmente ilegales tienen efectos médicos y/o psicológicos positivos y deberían estar disponibles de una manera responsable más que penalizar su uso. Nos oponemos a que la lucha contra la droga sea un instrumento de agresión a la población joven afroamericana, a la que se encarcela por consumir unas drogas que los blancos también consumen sin sufrir las mismas penas, o que sea una excusa para intervenir en Colombia y otros países.
Apoyamos el desarme tanto en el ámbito internacional como en el social, así como el cumplimiento de los derechos humanos en el mundo. Asimismo, apoyamos el propósito de crear una fuerza internacional de paz que intervenga con métodos no violentos en la prevención de guerras y de cualquier otro tipo de violencia. Pero tenemos que insistir en que la paz depende también de la seguridad económica y de los sentimientos de respeto y generosidad hacia los demás, y que ambas cosas tienen que ser una parte esencial en nuestra concepción de la ayuda internacional. Compartimos el deseo del Jubileo del año 2000 de llegar a un acuerdo mundial para abolir la deuda externa de todos los países del tercer mundo y pedimos una garantía de que los préstamos en el futuro se inviertan directamente en el desarrollo de la educación, la formación profesional, la atención sanitaria y el derecho a la vivienda de las personas de los países beneficiarios. Y, finalmente, apoyamos una ayuda masiva de los países del mundo Occidental para combatir el SIDA, la pobreza, la falta de cobijo y una educación y atención sanitaria inadecuadas.
Estamos comprometidos en que la lucha de las mujeres por una completa igualdad avance en todas las esferas de la vida. La experiencia y sabiduría de las mujeres debe convertirse en una fuerza que configure una cultura y un mundo laboral más liberadores y afectivos. Apoyamos las luchas de las personas homosexuales (gays), lesbianas, bisexuales y transexuales que pretenden una completa igualdad, respeto y una oportunidad para vivir sus vidas sin estar obligados a compartir las ideas tradicionales sobre el género y la sexualidad. Consideramos que la discriminación de género está vinculada inseparablemente a la discriminación racial y a la discriminación social y por tanto apoyamos a aquellos que pretenden acabar con ella en los tres campos simultáneamente.
Hacemos un llamamiento a Estados Unidos para que sean capaces de reconocer y arrepentirse de su pasado esclavista y su posterior actitud segregacionista, y por su larga historia de opresión y racismo con las personas de color, especialmente con los afroamericanos, pero también con inmigrantes mejicanos, centroamericanos, sudamericanos, chinos, japoneses y originarios de otras islas del Pacífico, así como con los indígenas americanos. Con respecto a esto, todos los estratos de la sociedad tendrían que hacer un esfuerzo para educar a las personas en la realidad de cómo funciona el racismo en nuestra sociedad, así como tener un plan honesto y serio que proporcione una rectificación significativa de esta historia de discriminación racial (la cual podría incluir, por ejemplo, indemnizaciones a los afroamericanos y a los indígenas americanos). De forma similar, exigimos que se indemnice a todos aquellos pueblos esparcidos por el mundo que han sido forzados a huir por causa de la guerra y la marginación (estamos pensando, particularmente, en los centroafricanos, chechenos, tibetanos, y cientos de millones de otros refugiados en el mundo), y que tengan el derecho a regresar a sus países sin que esto les cause mucho sufrimiento. En los casos donde las indemnizaciones o el regreso no sean la mejor manera de rectificar esta larga historia de opresión sin crear nuevos trastornos y una mayor marginación, apelamos a otro tipo de estrategias que proporcionen las necesarias rectificaciones. Éstas no deben ser únicamente económicas, sino también deben incluir una expiación pública y sistemática de aquellos sectores de la sociedad que han obtenido beneficios materiales maltratando a los demás. Este mismo principio debería ser aplicado a todo tipo de discriminación social, así como a todo tipo de discriminación racial.
Nuestro propósito no es enumerar todas las formas de opresión y discriminación que deben terminar. Esa aproximación tipo “lista de la compra” a la política no suele conducir a ningún lado. Por lo tanto nos opondremos a aquellos que quieran unirse a nuestra comunidad para pasarse el tiempo añadiendo nuevas cuestiones a dicha lista, con la pretensión de que, de alguna manera, marginamos u oprimimos a alguna persona o grupo si es que no la incluimos en la lista. Ese tipo de discurso suele ser una manera de evitar tomar en serio cualquiera de estos principios mientras perdemos el tiempo debatiéndolos. Por otra parte, queremos, cuando menos, prestar una atención especial, en esta declaración fundacional, a lo que se ha convertido en un punto de mira fundamental para los sectores de la derecha: la agresión a gays y lesbianas. La revista TIKKUN lleva pidiendo desde hace mucho tiempo un cambio en las prácticas judías que degradan a los queers (término con el que se denomina al conjunto de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales -- nota de las traductoras), o que reducen al matrimonio sólo a las uniones heterosexuales. La Comunidad TIKKUN se opondrá a que Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Israel y otros países utilicen el poder del estado para poner impedimentos a las relaciones queer o para reducir el matrimonio o la familia a las formas tradicionales heterosexuales. Respetamos a aquellos que están desarrollando lo que nosotros llamamos una “política queer” que nos empuja a replantearnos las relaciones de género, aunque rechazamos toda tentativa de privilegiar cualquier aproximación a la vida sexual como “la políticamente correcta”. Asimismo, nuestra comunidad le concede apoyo y respeto a la heterosexualidad como una forma igualmente válida para el matrimonio y la familia. Nuestro propósito es crear una sociedad que apoye a las familias y a las personas que mantengan relaciones de amor duraderas, y apoyaremos a las personas todo lo que podamos cuando pasen por esos inevitables periodos difíciles en toda relación amorosa. Asimismo, daremos nuestro apoyo emocional a aquellos que hayan escogido permanecer solteros o que hayan escogido vivir en comunidad. Para aquellos que son solteros pero que no desean serlo, creemos que una comunidad de afecto debería de ayudar a estas personas, con tiempo y atención, a encontrar un adecuado compañero o compañera, cualesquiera que sea el género que busquen, más que abandonarlos, como solitarios empresarios en medio del mercado de las relaciones de pareja, a que resuelvan su problema ellos solos. De la misma manera, daremos una cálida bienvenida a los bisexuales y a los transexuales.
Asimismo, queremos recalcar la gran importancia que damos a la creación de un ambiente lleno de afecto y espiritualidad para los niños, reconociendo su derecho a una educación que los estimule y les sea útil para la vida, a relaciones de amor y afecto, y a que se les introduzca en prácticas espirituales y en movimientos de transformación social que enriquezcan sus vidas. Por una parte, esto significa aprender de nuestros hijos, confiar en ellos y darles la oportunidad de que puedan forjar su propio camino. Por otra parte, significa que tenemos la obligación de enseñar a los jóvenes (y no sólo a nuestros hijos) todo lo que hemos aprendido sobre las alegrías y emociones de la vida, incluso la responsabilidad de impedir que se hagan daño a ellos mismos o a los demás. Dentro de ese contexto de responsabilidad, también deseamos reafirmar el derecho al placer y a la diversión, no sólo para nosotros sino también para nuestros hijos, como un aspecto importante en la vida. Igualmente, deseamos crear un marco propicio en el que aprender de la sabiduría de nuestros mayores, apoyarles con respeto y cariño, reafirmar su derecho a profundizar en su propio conocimiento y su derecho al placer y a una realización sexual y espiritual, así como darles la oportunidad de usar su creatividad en servicio de la comunidad.
4. PAZ, JUSTICIA Y RECONCILIACIÓN PARA ISRAEL Y PALESTINA
Estamos comprometidos con una total reconciliación entre Israel y el pueblo palestino en un contexto de justicia social para los palestinos y de seguridad para Israel. Hacemos un llamamiento a Israel para que ponga fin a la Ocupación y re-ubique a los colonos en los territorios incluidos dentro de las fronteras de Israel establecidas antes de 1967 (proporcionándoles viviendas dignas), y para que adquiera una mayor (aunque no total) responsabilidad con los refugiados palestinos. Nos oponemos a las continuas violaciones de los derechos humanos del pueblo palestino cometidas por Israel e insistimos en que Israel debe adoptar una estrategia que se base en la generosidad hacia el pueblo palestino, en el arrepentimiento por sus antiguos crímenes, en la indemnización, y en un sincero reconocimiento de las formas en que somos inconscientes, tiránicos y crueles con las legítimas necesidades del pueblo palestino. Pedimos que se ponga fin a las doctrinas transmitidas en las escuelas y por los medios de comunicación judíos e israelíes que degradan y demonizan a los palestinos; en su lugar, pretendemos que se sustituyan por aquéllas que enfaticen la humanidad y bondad del pueblo palestino, de los árabes y de los musulmanes. Si bien apoyamos que Israel sea un estado judío junto a Palestina, creemos que todos los no judíos que vivan en Israel, incluidos, sobre todo, los ciudadanos árabes o palestinos, deberían tener iguales derechos civiles y económicos que cualquier israelí que haya servido en el ejército.
Pedimos al pueblo palestino que reconozca el derecho de los judíos a mantener su patria dentro de las fronteras del Estado de Israel establecidas antes de 1967, con un control judío sobre la zona judía de Jerusalén (incluyendo el barrio de French Hill, el Monte Scopus y el Barrio Judío de la Ciudad Antigua) y el Muro Occidental, y un acceso libre al cementerio del Monte de los Olivos. Pedimos al pueblo palestino que acabe con los atentados terroristas contra Israel y que escuche y preste atención a las cada vez más numerosas voces palestinas que exigen una estrategia política no violenta de desobediencia civil. Pedimos a los palestinos que pongan fin a las doctrinas transmitidas en las escuelas y por los medios de comunicación que degradan y demonizan a los judíos y a los israelíes y que los sustituyan por aquéllas que enfaticen la humanidad y bondad del pueblo judío.
Admitimos que algunos palestinos reaccionarán señalándonos la violencia estructural inherente que existe en la Ocupación y en los asentamientos de los israelíes. Estamos de acuerdo con esto, pero creemos que el avance necesario para liberar a los palestinos de la Ocupación únicamente vendrá cuando el pueblo israelí se sienta lo suficientemente seguro para poder considerar un acuerdo basado en la confianza. Así como los israelíes deben demostrar que ven a los palestinos como seres creados a la imagen y semejanza de Dios y merecen todo el respeto, los palestinos deben demostrar que ven a los israelíes como seres creados a la imagen y semejanza de Dios y merecen todo el respeto.
Las dos partes tienen que admitir su necesidad de arrepentimiento por acciones pasadas que fueron perjudiciales y crueles. Los judíos deben entender por qué los palestinos tenían miedo de que el cada vez mejor organizado y políticamente sofisticado movimiento Sionista, que comenzó a emerger en el periodo 1920-1948, pudiera llegar a retirar el derecho al voto de los palestinos, y, asimismo, entender por qué hoy en día los palestinos creen que el “derecho a regresar” a sus casas no se diferencia del derecho a regresar que estaba en la base del Sionismo. Por otra parte, los palestinos tienen que admitir su responsabilidad en el establecimiento del conflicto debido a la resistencia armada que mantuvieron ante la inmigración judía a Palestina en los años en que los judíos estaban siendo aniquilados o saliendo a gatas de los campos de concentración y los hornos crematorios en Europa. Esto es simplemente un ejemplo de las historias de las que debemos aprender los unos de los otros para poder construir la verdadera reconciliación basada en una auténtica compasión recíproca. Los acuerdos políticos no pueden ser de confianza hasta que haya un compromiso serio por ambas partes y una mutua escucha compasiva. Sólo cuando cada una de las partes sea capaz de contar la otra perspectiva con humanidad y convicción, y de reconocer que ambas partes están equivocadas y ambas partes tienen la razón, podremos confiar en que nos estamos encaminando hacia una verdadera reconciliación de corazón.
Todos los densos acuerdos y las maniobras políticas son secundarias para el desarrollo de una franqueza y generosidad en cada uno de los dos pueblos que legitime las necesidades del otro. Creemos que un paso importante en este proceso es que las dos partes aprendan a comunicarse de una manera convincente y compasiva.
Pedimos a Estados Unidos y a otras potencias mundiales que intervengan utilizando su influencia y su poder económico para parar este ciclo de violencia y para alcanzar la creación de un Estado Palestino desmilitarizado en Cisjordania y Gaza (evitando toda alteración en sus fronteras, menos las más mínimas), así como para poner fin a la Ocupación y a los atentados terroristas. Apoyaremos los esfuerzos que sean necesarios para convencer a Estados Unidos de que condicione su ayuda a Israel al fin de la Ocupación. Pedimos a personas de todo el mundo que vengan a Israel y Palestina para que se sitúen de una manera activa entre las dos partes enfrentadas con el fin de dar protección a los civiles de ambos lados. Y pedimos a todos los partidos políticos que adopten la filosofía y estrategia de la no violencia de Martin Luther King Jr. y Mahatma Gandhi. Si bien no respaldamos ningún tipo de nacionalismo como un bien esencial, entendemos porque, en este momento histórico, la población judía necesita un estado propio. Con el recuerdo de los asesinatos y el genocidio de nuestra gente todavía cercano y la sensación de que habríamos sido mucho menos vulnerables si hubiéramos tenido un estado y un ejército —teniendo en cuenta la persistencia actualmente en el mundo de un virulento antisemitismo—, no se les puede pedir a los judíos que sean los primeros en eliminar voluntariamente las barreras protectoras de su estado-nación. Esto es por lo que, en estos momentos, la Comunidad TIKKUN apoya la creación de dos estados diferentes, más que una solución bi-nacional a la crisis palestino-israelí, incluso cuando algunos miembros de nuestra comunidad creen que un estado bi-nacional es la única manera de conseguir justicia social para los palestinos.
Después de lo que ha sufrido el pueblo judío no es razonable esperar que sean los primeros en renunciar a la protección de un estado armado. Por otro lado, vemos al nacionalismo como una influencia negativa para los judíos que hay que superar. Por tanto, tenemos la esperanza de que Israel se convierta en uno de esos 20 por ciento de países en el mundo que han logrado superar las trampas del chauvinismo y el militarismo nacionalistas y una excesiva fijación en las fronteras. Países como Estados Unidos, Rusia, China, Japón, Irak, Irán, Siria, India, Pakistán, Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, Egipto, Polonia, Argentina, Chile, Méjico, Libia, Arabia Saudí, Argelia, Nigeria, Etiopía, Uganda y Sudáfrica han sido pioneros en la abolición de fronteras y han llevado a cabo un desarme total. Hasta ese momento, el pueblo judío tiene derecho a tener su propio estado, lo que, esperamos, le conduzca finalmente en la dirección de un estado confederado con Palestina y Jordania y en una cooperación económica y política.
Un estado con muchos judíos viviendo en él no será un estado judío a menos que incorpore un compromiso de amor y justicia y se convierta en una prueba viviente de que la curación y la transformación es posible. Israel todavía no es un estado judío en este sentido, por lo que nosotros apoyaremos el esfuerzo necesario que le ayudará a desarrollarse en esa dirección. Para hacer posible que los valores judíos de amor, justicia y paz triunfen dentro de su propia sociedad, y para abrir la posibilidad de que los israelíes puedan redescubrir las profundas verdades espirituales del judaísmo, Israel tendrá que eliminar todas las formas de control religioso sobre el estado, el fin de toda coacción religiosa, y permitir a las personas encontrar su propio camino religioso y espiritual dando iguales derechos y el mismo tratamiento a los no judíos.
Nos oponemos al conjunto de intentos provenientes de determinados sectores del mundo ortodoxo de utilizar el gobierno israelí como un medio para imponer su propia y particular perspectiva acerca del judaísmo, en la que se incluye quién es “realmente” judío, lo que comprende conversiones, bodas o divorcios legítimos. En su lugar, queremos fomentar un clima de mutua tolerancia y respeto entre todos los sectores de la sociedad judía. Rechazamos las prácticas que conducen a un tratamiento desigual para los palestinos u otras minorías no judías dentro del Estado de Israel.
Así que, cuando afirmamos que protegemos la “naturaleza judía” de Israel, no nos referimos simplemente a un estado judío demográficamente hablando sino a un estado que corresponda a los más altos valores judíos tales como “amar al prójimo”, “amar a los extranjeros”, y “la justicia, la justicia será lo que perseguirás”. En un futuro próximo, los mayores obstáculos para la creación de un estado que esté a la altura de los valores de un judaísmo renovado ética y espiritualmente son la Ocupación, los asentamientos, y lo que se describe en el libro de Michael Lerner Jewish Renewal (que se podría traducir como “La renovación judía”) como la mentalidad del “judaísmo colonizador”.
El judaísmo colonizador percibe el mundo como si siempre estuviera en contra de los judíos, siempre listo para herirnos, y, por lo tanto, rechaza los modelos éticos universales e iguala “bueno” con “lo que es bueno para los judíos”. De manera similar, el judaísmo colonizador supone que los intereses judíos se pueden alcanzar a través del uso del poder y la coacción, la eliminación de aquellos con los que no estamos de acuerdo, y cree que los judíos tienen alguna clase de derecho especial sobre la tierra de Israel que les permite ser insensibles con los demás que viven allí. A largo plazo, el mayor obstáculo a los valores judíos en Israel, así como en Estados Unidos, se encuentra en el triunfo de una actitud egoísta y materialista. Por esta razón, rechazamos la imagen de un Israel que encuentra su misión definitiva en llegar a ser “el milagro de la globalización y la nueva sede tecnológica y financiera de Oriente Medio”. Más bien, apoyamos a los que favorecen una sociedad verdaderamente judía, construida sobre los principios de amor, justicia, paz y afecto por los demás, incluyendo también a los que no son judíos. Y el camino a recorrer requiere que se rechacen aquellos temas y corrientes en nuestra tradición judía o nuestra interpretación de la historia que tienden a resaltar el chauvinismo o un enfoque mezquino del bienestar de los judíos basado en la exclusión de los demás, y, en su lugar, requiere proseguir con un judaísmo que potencie aquellos temas de nuestra tradición y nuestra historia que extraen de nosotros una mayor empatía con los demás, y desarrollan nuestras capacidades como seres humanos afectuosos, generosos, sinceros y compasivos. Y ésta es la misma clase de renovación que apoyamos en todas las demás religiones y tradiciones espirituales.
5. UN MOVIMIENTO ESPIRITUAL
El mundo que queremos no se puede crear únicamente a través de cambios económicos y políticos. Deseamos asistir a la democratización de nuestras instituciones económicas y políticas, y a la redistribución de la riqueza para que todas las personas puedan compartir por igual los beneficios del planeta. Pero, como hemos indicado anteriormente, el origen de los problemas económicos y políticos en todo el mundo no es únicamente de índole exterior, sino que refleja, de igual modo, la desvirtuación en la manera de vivirlos con nosotros mismos y con los demás. Por lo tanto, continuar trabajando para transformar nuestro ser interior y nuestras ideas acerca del mundo es un aspecto primordial en nuestro propósito de cambiar el mundo, y no una desviación de la curación necesaria, sino una parte importante de la misma. Tenemos que comprometernos con una actividad que aspire a alentar una nueva conciencia y el desarrollo de una vida interior que no sea simplemente una cuestión de índole personal e individual sino, más bien, social y espiritual. Una vida interior que esté interconectada con las vidas de otros seres humanos y con la Unidad de Todos los Seres. En resumen, la política debe tener una dimensión espiritual. Esta es una dimensión de la vida a la que raramente se le presta atención en los movimientos a favor del cambio social, pero en la Comunidad TIKKUN es una preocupación central.
Entre los pilares maestros que sustentan esta dimensión espiritual, se encuentran:
• desarrollar una práctica espiritual individual tal como la meditación o la oración
• practicar la generosidad y compartir con los demás todo lo que tenemos
• tener compasión con los otros y con nosotros mismos, aceptando sinceramente nuestros propios defectos y los de los demás
• desarrollar el hábito de afirmar el derecho a existir de los demás aun cuando no estemos de acuerdo con algunas de sus creencias o costumbres
• poner atención especial a nuestro discurso con el fin de no herir a los demás
• fomentar la alegría y la afirmación del placer
• valorar nuestros cuerpos a través de una manera de comer consciente y del ejercicio (pero sin culpabilizaciones políticamente correctas)
• practicar el perdón y el arrepentimiento
• dar por dar y no para recibir
• liberarnos de la fantasía de que podemos controlarlo todo y, en su lugar, reconocer que tenemos suficiente y que somos suficientes
Somos especialmente sensibles con la manera en que los movimientos sociales del pasado han utilizado sus ideas como armas arrojadizas contra ellos mismos y contra los que no eran parte del grupo; por ese motivo queremos insistir en que nuestro movimiento tiene una actitud compasiva con sus miembros así como con aquellos que no piensan como nosotros, mientras simultáneamente rechazamos un relativismo moral no inteligente que hace que todo sea OK o aceptable. Construir este equilibrio entre ejercer la compasión y luchar por el cambio requiere una inteligencia práctica, y por ese motivo nuestro movimiento rechaza las tendencias anti-liderazgo que, con frecuencia, se asocian con políticas progresistas y, por el contrario, abraza la noción de un liderazgo espiritual basado en una profundidad interior, una comprensión compasiva, una inteligencia práctica y un gran sentido del humor.
¿POR QUÉ CREAR UNA NUEVA ORGANIZACIÓN?
Hay muchas organizaciones que están haciendo un buen trabajo en cada una de las áreas sobre las que hemos hablado anteriormente y nuestra intención es apoyarlas a todas. Particularmente animamos a la creación y consolidación de movimientos de base que sean realmente transnacionales y que se centren, no sólo en resistir la globalización de las multinacionales, sino también en crear un nuevo concepto de “globalización” democrática, un movimiento mundial que no esté controlado ni por los gobiernos ni por las multinacionales. Apoyamos, sobre todo, los esfuerzos que exigen que las multinacionales salvaguarden el bienestar público tal como lo plantea la Enmienda de Responsabilidad Social a la Constitución de Estados Unidos.
Lo que no existe es una organización que reúna todos estos asuntos en una visión del mundo unificada (hay muchos grupos que tienen listas de demandas, pero esas demandas no proceden de una perspectiva teórica compartida). Como consecuencia de esto, muchas personas involucradas en cualquiera de los temas ya hablados anteriormente no se ven realmente a sí mismas como parte de un gran movimiento curativo y transformador del planeta, no ven a los demás como sus aliados, y no introducen en sus propias actividades una mayor comprensión que pueda hacer más profundo y específico el trabajo tan importante que realizan. La Comunidad TIKKUN puede suministrar esa mayor estructura.
Somos personas que compartimos las ideas básicas de una Espiritualidad Emancipadora como describe Michael Lerner en su libro Spirit Matters: Global Healing and the Wisdom of the Soul (que se podría traducir como “Asuntos del Espíritu: la curación global y la sabiduría del alma”). Un libro que nos proporciona nuestra estructura básica.
Para nosotros son también imprescindibles las obras de Peter Gabel, en particular The Bank Teller and Other Essays on the Politics of Meaning (que se podría traducir como “El cajero del banco y otros ensayos sobre la política del significado”); Standing Again at Sinai (que se podría traducir como “De nuevo ante el Sinaí”) de Judith Plaskow, y Down to Earth Judaism (que se podría traducir como “Un judaísmo anclado en la realidad”) de Arthur Waskow. Nos inspiramos en la sabiduría de muchos maestros tales como Abraham Joshua Heschel, Zalman Schachter Shalomi, Marcia Prager, Rachel Adler, Susannah Heschel, Lawrence Kushner, Art Green, Judith Antonelli, Jerry Mander, David Korten, Ken Wilber, Jim Wallis, Matthew Fox, Zygmunt Bauman, Thich Nhat Hanh, El Dalai Lama, el Ishbitzer Rebbe, Teilhard de Chardin, Mordecai Kaplan, Adrienne Rich, Roger Gottlieb, Walter Bruegemann, y el trabajo de los teólogos de la liberación católicos, las teólogas feministas, los budistas socialmente comprometidos, y muchos otros.
Lo que la Comunidad TIKKUN busca ofrecer es una visión que sitúe la búsqueda de la justicia económica y social, la paz y la cordura ecológica en un entorno de consciencia espiritual y en la práctica de la sinceridad, la generosidad, el afecto por los demás y una expansión de bondad plena de cariño. La Comunidad TIKKUN es para todos aquéllos que comparten la perspectiva que se muestra aquí. Como una comunidad que surge del mundo judío, estamos interesados en dar apoyo al movimiento de la Renovación Judía cuyo objetivo es restablecer la vida espiritual en todas las ramas del judaísmo: ortodoxa, conservadora, reconstruccionista, reformista, humanista y las comunidades seculares. Nuestros eventos honrarán el Sabbath (sábado), serán vegetarianos y, en su mayor medida, eco-kosher (respaldarán un consumo que respete y sea sensible con el medio ambiente). A medida que la Comunidad TIKKUN vaya creciendo, recibiremos bien la inclusión de tradiciones lingüísticas e históricas/espirituales de otros pueblos y comunidades religiosas, y estaremos abiertos a expresar nuestras ideas en otros idiomas y a dar tiempo en nuestros actos públicos a que las personas pertenecientes a otras tradiciones o comunidades puedan formar grupos de oración o, si no, actualizar sus propias tradiciones específicas.
La mayor contribución de la Comunidad TIKKUN a la organización del movimiento mundial en pro de la justicia social y el bienestar espiritual será:
• Proporcionar un mecanismo de apoyo a las personas que deseen extender por el mundo esta nueva manera de pensar. Cuando las personas intentan hacer esto ellas solas, a menudo acaban exhaustas o teniendo que ser “realistas”, es decir, ajustándose al punto de referencia de la mayoría. En nuestra comunidad nos daremos apoyo mutuo para centrarnos en una visión más amplia y utópica.
• Hacer que la consciencia se alce en todo el mundo así como en los movimientos por el cambio social, de tal manera que estos movimientos puedan comenzar a incorporar nuestra perspectiva y fortalecer su habilidad para sobrevivir al cansancio, al cinismo y a la desesperación que a menudo debilita a aquéllos que desean el cambio social.
• Cambiar el contexto intelectual dentro del cual la mayoría de los norteamericanos contemplan la realidad social contemporánea y sus propias posibilidades de tener una vida plena.
• Proporcionar una formación continua y un desarrollo de la teoría y de la práctica que pueda convertirse en modelo de curación social. No intentamos sustituir o duplicar a los movimientos en pro del cambio social ya existentes. Pero hay muchos campos, incluso en estos movimientos, en los que una visión del mundo más coherente y una organización que los enlace intelectual y espiritualmente podrían simplemente fortalecerlos antes que deslucir el trabajo tan importante que realizan.
• Proporcionar un contexto en el cual los activistas maduros y experimentados y aquéllos que estén involucrados en la curación social en su trabajo puedan actuar conjuntamente con la nueva generación llena de energía y promesa de activistas más jóvenes, y así aprender los unos de los otros.
• Constituirse en un grupo de expertos a nivel nacional que trabaje a favor de los movimientos por el cambio social. Un grupo de expertos que pueda ayudar a estos movimientos a ir más allá de estructuras economicistas limitadas y comenzar a incorporar una sabiduría y un marco espirituales tanto en la conceptualización de los asuntos a abordar como en la construcción de una comunidad que dé apoyo a sus propios activistas.
• Constituirse en una red de recogida de información que proporcione una alternativa a los sondeos realizados por grupos vinculados a los estamentos institucionales, y plantear preguntas que reflejen una sofisticación psicológica y espiritual que raras veces son empleadas para comprender lo que ocurre en nuestra sociedad.
Consideramos que el trabajo que hacemos en los campos de la educación, la sensibilización y el asociacionismo es una contribución crítica a la curación social.
Nos consideramos un cuerpo de transformadores espirituales, un cuadro de personas que comparten una perspectiva fundamentalmente similar y desean trabajar con más efectividad apoyándonos los unos a los otros, aprendiendo de la experiencia de los demás, y, de una manera más profunda, interiorizando las ideas y los ideales que mantenemos. Ésta es una de las razones por la cual hacemos mucho hincapié en que haya una unanimidad en los pormenores de este documento fundacional, ya que la coherencia intelectual es solamente posible si comenzamos en el mismo lugar.
Como una especie de nueva orden espiritual, pero laica —algo parecida a una fusión entre los Franciscanos y una secta jasídica que posea las destrezas de una cofradía a favor del cambio social e, incluso, una predisposición a comprometerse con una atención recíproca, tal y como se manifiesta entre los Jesuitas, la Sociedad Calavera y Tibias o algunas tribus indígenas americanas—, nosotros nos comprometeremos de por vida a apoyar a las personas que se unan y se impliquen en LA COMUNIDAD TIKKUN y haremos lo que podamos para ayudarlas de todas las maneras posibles. Para algunos, esto puede significar ayudar a una persona a conseguir un trabajo o un ascenso; para otros, facilitarle la atención sanitaria que necesite, presentarle a un compañero o compañera para toda la vida, apoyarle en su carrera literaria o política, o ayudarle a desempeñar bien su papel de líder. El compromiso se basa en el reconocimiento de que, como miembros de LA COMUNIDAD TIKKUN, las personas asuman el compromiso de utilizar nuestras aptitudes, destrezas, y energías vitales para fomentar el tipo de curación y transformación propuesta en esta Perspectiva Central. Por lo tanto, queremos hacer todo lo que razonable, moral y legalmente se pueda hacer para ayudarnos los unos a los otros para avanzar en nuestras vidas y darnos compañía, amor, cuidados, generosidad y compasión cuando encaremos los desafíos de la vida desde que somos estudiantes hasta que tenemos que enfrentarnos a la vejez y a la muerte. Es únicamente este tipo de compromiso recíproco el que puede hacerse real a través de nuestros actos individuales y convertirse en el objetivo final que nos una en el propósito de mantener entre todos una vanguardia de amor.
Consideramos a la revista TIKKUN, junto con la página web y el grupo de discusión por correo electrónico de TIKKUN, como el medio principal a través del cual podemos dialogar sobre el nuevo pensamiento y actividad que la Comunidad TIKKUN desarrolla. Como una comunidad que está constituyéndose gracias a los esfuerzos de la revista TIKKUN, daremos una especial atención a la formación de los lectores de TIKKUN, utilizándola como un medio para nuestros debates y apoyándola con tiempo y dinero.
¿Cómo puedo comprometerme?
Existen muchas maneras de comprometerse con la Comunidad TIKKUN. Nos imaginamos que dentro de unos años éstas serán las respuestas que algunos daremos acerca de lo que hemos estado haciendo para construir la Comunidad TIKKUN: *Algunos de nosotros estamos procurando llevar estas ideas a nuestros medios profesionales o lugares de trabajo para hacer campaña por una “Nueva Base”.
Estamos creando grupos de personas que piensen de igual manera para nuestros encuentros anuales de asociaciones profesionales, congresos nacionales de sindicatos y partidos políticos, y reuniones nacionales de nuestras comunidades religiosas.
Algunos trabajamos en el mundo de los negocios dando a conocer estas ideas en nuestras empresas y experimentando con nuevas formas de trabajar, o bien estamos organizando comunidades de personas que realizan actividades filantrópicas con este tipo de orientación.
• Algunos trabajamos en fundaciones, otros en universidades, otros en medios de comunicación, otros en iglesias locales, sinagogas y mezquitas, y, estemos donde estemos, estamos suscitando el tipo de cuestiones que se plantean en esta declaración fundacional.
• Algunos estamos organizando comunidades Tikkun locales, fundamentalmente agrupaciones o puntos de encuentro de la Comunidad TIKKUN en los que trabajamos para educar a las personas de nuestras zonas sobre esta perspectiva y profundizamos en la comprensión de nuestros principios en conversaciones que mantenemos mensualmente. Una vez que las agrupaciones locales se hayan creado, podrás escoger entre pertenecer a la Comunidad TIKKUN como miembro individual o como parte de una de estas agrupaciones.
• Algunos participamos transmitiendo estas ideas a cualquier lugar donde vayamos, y convenciendo a otras personas para que lean la revista TIKKUN. *Algunos somos estudiantes que pretendemos crear agrupaciones locales de la Comunidad TIKKUN en los campus universitarios.
• Algunos estamos comprometidos en una labor de solidaridad con el movimiento de paz israelí o estamos desarrollando iniciativas locales que desafíen a la Ocupación. Algunos estamos organizando talleres informativos sobre el proceso de paz entre Israel y Palestina, y desafiando, de otras muchas maneras, la interpretación convencional de esta lucha.
• Algunos estamos transmitiendo estas ideas a los movimientos antiglobalización, movimientos ecológicos y movimientos a favor de la justicia social, o a grupos afines de los cuales formamos parte. Algunos intentamos hacer lo mismo a través de partidos políticos como los Demócratas, la Ley Natural, los Verdes u otros.
• Algunos somos intelectuales que trabajamos en el mundo académico, en institutos de desarrollo de políticas sociales o en los medios de comunicación, que pretendemos fomentar la comprensión de esta perspectiva.
• Algunos somos artistas, poetas, escritores, músicos, etc. que participaremos utilizando nuestro arte y talento en hacer que avance la consciencia descrita aquí.
• Algunos estamos desafiando a los medios de comunicación locales y nacionales insistiendo en que reconozcan el modo distorsionado y cínico en que exponen los hechos y educando al público en la existencia de otras maneras alternativas de ver la realidad. Algunos somos jubilados que hacemos llamadas telefónicas o escribimos cartas a los medios de comunicación o a otras personas transmitiendo estas ideas.
• Algunos estamos intentando influir en las fundaciones para que adopten y apoyen esta perspectiva. Otros estamos implicados en proyectos de recaudación de fondos que respalden a la Comunidad TIKKUN y financien su trabajo educativo. Algunos estamos intentando cambiar la manera de pensar de la gente sobre lo que significa la filantropía, o sobre el uso que hacen de sus donaciones benéficas, de tal manera que pueden llegar a convertirse en una fuerza que convenza a los movimientos a favor del cambio social de que incorporen esta perspectiva más amplia.
• Algunos trabajamos en comunidades de personas de la tercera edad y desarrollamos proyectos espirituales para los mayores con la intención de encontrar la forma en que las personas jubiladas puedan proporcionar dirección espiritual a la sociedad.
Otros trabajamos en escuelas promoviendo una nueva base allí. Otros trabajamos para conseguir que sea votada la Enmienda de Responsabilidad Social a la Constitución de Estados Unidos en las elecciones locales y estatales (pidiendo a las multinacionales que alcancen un nuevo acuerdo que solamente sería recompensado si pudieran demostrar una trayectoria de responsabilidad social). Algunos estamos ayudando a formar un partido político con una orientación espiritual, mientras otros estamos trabajando en los partidos ya existentes.
Para todos nosotros, la Comunidad TIKKUN es un lugar donde podemos hablar sobre estas ideas y darnos apoyo al ser inequívocamente utópicos y comprometidos con el TIKKUN olam a gran escala (la transformación del mundo). Esta aportación la obtenemos a través de la revista TIKKUN, la página web y el grupo de discusión por correo electrónico de TIKKUN, y a través también de los encuentros anuales que la Comunidad TIKKUN realiza a nivel nacional.
¿Qué hará la Organización Nacional?
• Celebraremos anualmente sesiones de formación a nivel nacional con el propósito de analizar exhaustivamente las ideas expuestas con anterioridad en esta declaración y aplicarlas a las actuales realidades sociales, políticas y espirituales. Las reuniones que realizaremos en estas sesiones no consistirán en aprobar acuerdos o debatir normas y políticas, sino más bien en desarrollar nuestros propios recursos espirituales, analizar seriamente nuestras ideas y aprender de pensadores en la vanguardia, de líderes espirituales, de activistas sociales y de los que practican la curación y la transformación.
• Proporcionaremos un grupo de discusión por correo electrónico para aquellos que deseen informes diarios sobre los acontecimientos de la actualidad nacional y otras prioridades. Ahora mismo, no tenemos los recursos para mantener un foro con moderador, pero en un futuro podríamos tenerlo.
• Elaboraremos material educativo que ayudará a las personas a organizarse en torno a las prioridades nacionales para ese año.
• Buscaremos publicidad en los medios de comunicación locales y nacionales para destacar las perspectivas articuladas en esta declaración fundacional.
• Mantendremos una postura pública sobre las cuestiones que estén relacionadas con esta visión fundacional y daremos publicidad a esta postura, organizaremos reuniones públicas u otros actos para promocionar estas ideas, formaremos un grupo de conferenciantes que difundan estas cuestiones, animaremos a artistas, profesionales del cine y del vídeo y a escritores a que incorporen nuestra perspectiva en sus trabajos, y encontraremos otros caminos que susciten debates públicos sobre la perspectiva de la Comunidad TIKKUN.
• Participaremos en la creación de coaliciones, asociaciones, y campañas nacionales (incluyendo campañas en los medios de comunicación) para hacer avanzar estas ideas.
• Haremos todo lo que esté en nuestras manos para que la gente se suscriba, lea más y hable de la revista TIKKUN.
Una Junta Consultiva Nacional conducirá a nuestra organización nacional. Esta organización ampliará la Junta Consultiva en los próximos años, incorporando a personas que hayan demostrado, a través de su iniciativa en la Comunidad TIKKUN, sabiduría, sensibilidad, compasión, creatividad, crecimiento espiritual, aptitud para trabajar de manera colaborativa y solidaria, y una capacidad para que se produzcan cambios en el mundo. La Junta Consultiva Nacional elegirá a un grupo de personas —El Consejo de Pioneros Espirituales— que día a día orientará e instruirá a un director ejecutivo (con la esperanza de que en un futuro pueda tener una serie de empleados con sueldo). El Consejo de Pioneros Espirituales seleccionará dos prioridades a nivel nacional en las que centrar nuestras energías en un periodo de dos años. Nuestras prioridades son: primero, realizar una intensa labor educativa acerca de la necesidad de que Israel ponga fin a la Ocupación y reconozca su parte de responsabilidad en el destino de los refugiados palestinos; y segundo, aumentar la conciencia sobre la quema global y la responsabilidad espiritual que tenemos de salvar el planeta de un desastre medioambiental. No obstante, daremos la bienvenida a agrupaciones locales de la Comunidad TIKKUN o a personas que quieran trabajar en alguna de las cinco áreas detalladas anteriormente como núcleos centrales de nuestra comunidad. Suministraremos material educativo y, a través de la revista TIKKUN, proporcionaremos las reflexiones y debates estratégicos más recientes acerca de cómo organizar a la gente dentro de un movimiento que luche por el fin de la Ocupación.
Nuestro movimiento rechaza tanto las tendencias anti-liderazgo como las que se forman en torno a la figura mitificada de un líder carismático o que rinden culto a un gurú que, con frecuencia, se asocian con los movimientos política y espiritualmente progresistas. Nos adherimos a la noción de un liderazgo espiritual que se base en una profundidad interior, una comprensión compasiva, una sabiduría práctica y un profundo sentido del humor. Un liderazgo abierto que aliente el desarrollo de estas cualidades en todos los miembros de nuestro movimiento.
Todos nosotros estamos demasiado familiarizados con organizaciones en las que la preocupación por el proceso democrático paraliza el liderazgo de tal manera que nunca se sienten capaces de llevar a cabo acciones creativas o hacer declaraciones públicas a favor de la organización que reflejen el espíritu de los principios fundacionales. Éste es el motivo por el que no tomamos como modelo a las organizaciones “construidas sobre el consenso” que predominan hoy en día, aunque admiramos el impulso democrático en el que se basa su práctica. De igual manera, no aceptamos el leveling (la pretensión de “nivelar” o desjerarquizar una organización) que no reconoce las desigualdades en los diferentes niveles del desarrollo intelectual, espiritual o emocional de las personas (debidos, en parte, a las diferentes experiencias que estas personas hayan vivido).
No todos los miembros de nuestra organización están de acuerdo con cada uno de los puntos de esta declaración. Con lo que sí están de acuerdo es con esto: que esta declaración es la postura fundacional de nuestra organización, y que, en tanto que funcionamos dentro del contexto de la Comunidad TIKKUN, aceptamos que nos corresponde respetar la perspectiva expresada aquí. Dado que la meta principal de la organización es ser una fuerza que eduque a los demás en esta perspectiva, nos parece razonable querer que las personas que pertenecen a la organización realmente se entusiasmen con dicha perspectiva y que los líderes y portavoces compartan...
We are an international community of people of many faiths calling for social justice and political freedom in the context of new structures of work, caring communities, and democratic social and economic arrangements. We seek to influence public discourse in order to inspire compassion, generosity, non-violence and recognition of the spiritual dimensions of life.



